Mercado Laboral Chileno 2024: Urgencias y Retos Persistentes

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David Bravo, director del Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, ofrece en su último informe un análisis agudo de la situación laboral en Chile. En este reporte, Bravo presenta un panorama que evidencia los desafíos estructurales del mercado laboral, desde el rezago en la recuperación del empleo hasta el impacto persistente de la informalidad. Con datos actualizados y una perspectiva crítica, subraya la importancia de revisar los enfoques tradicionales para medir y abordar estos problemas, apuntando a la necesidad de una acción decidida en el ámbito de las políticas públicas.

El mercado laboral chileno enfrenta importantes desafíos en su recuperación tras la pandemia, con indicadores clave que revelan retrocesos históricos. La tasa de ocupación, actualmente en 56.3%, se encuentra 14 años rezagada en comparación con niveles pre-pandemia. Por su parte, la tasa de desocupación ha disminuido al 8.6%, pero aún no alcanza los niveles previos a la crisis sanitaria. La tasa de participación laboral, aunque parcialmente recuperada, también muestra un retroceso equivalente a una década.

Un aspecto crítico es el déficit de empleo, que asciende a 309 mil puestos necesarios para igualar las condiciones pre-pandemia. Este problema es especialmente evidente en los jóvenes de 15 a 24 años, cuya menor participación laboral se debe a un aumento en la matrícula educativa—a pesar de ser una tendencia positiva en términos de capital humano. A nivel de adultos mayores de 25 años, el déficit se sitúa en 251 mil empleos.

La informalidad sigue siendo un problema estructural que la pandemia exacerbó. Actualmente, el 38.2% de los trabajadores no cotizan para pensiones, un porcentaje que, aunque menor al observado en años anteriores, representa un desafío para la formalización del mercado laboral. Entre 2022 y 2024, el empleo informal creció en 550 mil personas, según datos administrativos. Este aumento contrasta con una caída de 315 mil empleos formales en el mismo periodo, afectando principalmente a trabajadores de bajos ingresos. Las empresas pequeñas son las más impactadas, situación agravada por el incremento del salario mínimo, que pasó de $400 mil a $500 mil.

Bravo identifica también desigualdades por género, edad y nivel educativo. Los hombres enfrentan un déficit mayor (-4.4%) que las mujeres (-1.6%). Los extremos etarios (jóvenes y mayores) son los grupos más afectados. En términos educativos, los déficits más significativos se observan en personas con menor nivel de instrucción, mientras que aquellos con educación universitaria completa presentan un superávit laboral.

A nivel sectorial, el déficit de empleo es pronunciado en áreas como agricultura, construcción y servicios básicos, mientras que sectores como salud, educación y administración pública muestran expansiones. En cuanto a ocupaciones, las categorías elementales, agrícolas y de venta minorista son las más perjudicadas, mientras que los profesionales y directivos experimentan crecimiento.

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